Un objeto cercano a la Tierra catalogado como asteroide durante casi tres décadas resultó ser un cometa activo, según una investigación dirigida por científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. El objeto, identificado por primera vez en 1998 como 1998 SH2, ahora también lleva la designación cometaria P/1998 SH2 después de que astrónomos detectaran una cola débil y explicaran pequeños pero importantes cambios en su trayectoria.
El hallazgo llama la atención porque combina un misterio cósmico con una lección práctica para la defensa planetaria. No significa que el objeto esté en rumbo de colisión con la Tierra. La NASA indica que su aproximación del 28 de agosto de 2025 fue segura: pasó a unos 2 millones de millas, o 3 millones de kilómetros, del planeta. El descubrimiento importante surgió cuando el objeto no apareció exactamente donde los investigadores esperaban observarlo con el radar de la Red del Espacio Profundo de la NASA.
Cómo se delató el supuesto “asteroide”
Los astrónomos predicen la posición de un objeto combinando observaciones anteriores con la influencia gravitatoria del Sol, los planetas y otros cuerpos. Esos cálculos habían funcionado para 1998 SH2 durante observaciones realizadas entre 1998 y 2016. Sin embargo, después de dos vueltas alrededor del Sol sin nuevas observaciones telescópicas, su posición en 2025 no coincidió suficientemente con la predicción.
El equipo examinó décadas de astrometría óptica, que mide con precisión la posición de un objeto frente a las estrellas de fondo. Determinó que la gravedad por sí sola no explicaba completamente el movimiento. Una pequeña fuerza no gravitatoria parecía empujar el objeto, una señal que los astrónomos suelen relacionar con la actividad cometaria.
Los cometas contienen hielo mezclado con roca y polvo. Cuando la luz solar calienta ese material, parte del hielo pasa directamente a gas. El gas que escapa puede arrastrar polvo y producir una coma y una cola, pero también puede actuar como un conjunto de propulsores extremadamente débiles. Con el tiempo, esa liberación de gas puede desviar al cometa de una órbita calculada únicamente con la gravedad.
Los telescopios que confirmaron la respuesta
El comportamiento orbital aportó la pista, pero el equipo aún necesitaba evidencia visual. Reunió observaciones con el Telescopio Canadá-Francia-Hawái, el telescopio danés de 1,5 metros en La Silla y el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral en Cerro Paranal, Chile.
Los instrumentos revelaron una cola tenue pero diferenciable. Esa observación confirmó que 1998 SH2 no era simplemente un asteroide rocoso afectado por una fuerza inexplicada. Liberaba material como un cometa, aunque las imágenes anteriores no mostraban la coma y la cola brillantes que normalmente se asocian con estos objetos.
La diferencia importa porque la clasificación influye en la forma de pronosticar el movimiento futuro. Un asteroide puede modelarse principalmente mediante la gravedad y, en cálculos muy precisos, efectos menores como la luz solar. En un cometa activo también hay que considerar la liberación cambiante de gases.
Por qué importa para la defensa planetaria
La defensa planetaria comienza con la detección de objetos cercanos a la Tierra y la predicción de sus trayectorias. Un cometa oculto complica ese trabajo porque pequeños chorros pueden alterar su órbita. Detectar las desviaciones temprano permite mejorar los pronósticos a largo plazo y evita tratar un cometa exactamente como un asteroide inerte.
El estudio también relaciona P/1998 SH2 con el misterio de los “cometas oscuros”. Estos objetos presentan movimiento no gravitatorio parecido al de un cometa, pero no muestran cola, coma ni liberación de gas visibles. La NASA informa que aproximadamente una docena han sido identificados desde que se reconoció el primero en 2016. Algunos cometas oscuros grandes podrían ser cometas ordinarios extremadamente tenues que solo se revelan cuando la geometría, el momento y la sensibilidad del telescopio son favorables.
La misión NEO Surveyor de la NASA está diseñada para buscar en luz infrarroja asteroides y cometas cercanos a la Tierra difíciles de detectar. Las observaciones infrarrojas pueden encontrar objetos oscuros que reflejan poca luz visible. Combinadas con seguimiento óptico continuo y análisis orbital preciso, estas búsquedas podrían descubrir más casos de identidad equivocada.
Lo que demuestra el descubrimiento—y lo que no
El resultado demuestra el valor de revisar clasificaciones antiguas cuando las nuevas mediciones no coinciden con las predicciones. No muestra que los científicos hayan encontrado repentinamente una nueva amenaza, ni significa que todos los asteroides sean cometas ocultos. Ofrece otra herramienta de diagnóstico: si el movimiento de un objeto contiene una señal no gravitatoria persistente, una débil liberación de gas podría ser responsable.
La investigación fue publicada en Nature Astronomy y la NASA difundió su informe detallado el 16 de julio. La historia recibió mayor atención esta semana por el inusual hallazgo del “cometa oculto”. La conclusión más útil es tranquilizadora: el objeto pasó a una distancia segura y el descubrimiento mejora las herramientas utilizadas para comprender y vigilar la población alrededor de la Tierra.
Fuentes y método: Solvex News revisó el informe de NASA/JPL del 16 de julio y el estudio enlazado de Nature Astronomy. Las distancias aparecen en millas y kilómetros. La imagen es una visualización editorial generada con IA, no una observación de P/1998 SH2.
